miércoles, 23 de marzo de 2011

primavera

estación bonita de floreceres


de colores


de aromas


de luces y soles


de pariciones


de hormonas a tope


de enamorados


estación con nombre de mujer.

viernes, 25 de febrero de 2011

con g, k, j ó ?????

Quiso tratar de aclarar pero fue en vano, mas buscó mas confundido quedó.
Y eso que no se conformó con los titulares de los periódicos nacionales, buscó entre españoles, uruguayos, australianos, italianos, estadounidenses, chilenos y se cansó de buscar.
Y al final no sabe si es:
* Gadafi
* Khadafy
* Kadafi
* Jaddafi
* Gadhafi
*Kaddafi
* Gheddafi
* Khadafi
* Gaddafi
...............................

martes, 15 de febrero de 2011

el carrito naranja

Marietta, hoy toda una mujer, alguna vez fue una niña inquieta, rebelde, reticente a dormir siestas, poco simpatizante a sopas de cabello de angel, algo desobediente, exploradora de jardines conservados por competentes jardineros, devoradora de tierra tanto como de higos caídos.
Esa niña solía vacacionar en un poblado enclavado en las sierras, en una residencia confortable y acogedora, con piscina, juegos infantiles, árboles frutales y de los otros, mucho verde y muchas flores.
Marietta, disfrutaba cada verano en ese lugar junto a su hermanito, amiguitos, amiguitas, primitos y primitas, siempre bajo la mirada atenta de su mamá, quien pasaba las tardes sentada en el amplio parque tomando mates endulzados con caña Legui junto a sus amigas del villorio. Era su deleite saborear los ricos asados que en el colosal parrillero hacía su papá, quien mientras daba vueltas en la parrilla, chorizos, morcillas, vacíos y costillas, degustaba de tintos ricos y caros.
Le apasionaba a la hija de ese experto asador, corretear por los cerros cercanos, tocar timbre en las casas vecinas y salir corriendo, sentarse en la vereda para observar los caminitos que hacían las hormigas, acariciar perritos vagabundos y gatos con atributos intactos pues eran tiempos de veterinarios sin tijeras castra doras. También jugaba en el extenso jardin debajo de los nogales y castaños con las hamacas, el sube y baja y como no sufría de vértigo cada tanto se tiraba del tobogan. Aunque uno de los juegos que mas le gustaba era cuando sus compañeritos de travesuras la arrastraban tirando del "carrito naranja". Vale aclarar que ese carrito naranja no era mas que eso: un simple carricoche metálico color naranja de tal tamaño que apenas contenía la pequeña humanidad de Marietta.
Así transcurrían los veraneos e invierneos de infancia y pre adolescencia de nuestra Marietta, llamada Ela por los familiares y amigos cercanos.
Y Ela creció - en experiencia porque de estatura poco- fue a la escuela, dejó de comer tierra, consiguió trabajo digno, tuvo novio (novios), se casó, dio a luz una bella y peluda criatura, dejó de ser rebelde, se hizo mas responsable, vivió alegrías y sinsabores y dejó de ir a pasar temporadas en la casita de las sierras. Aunque cada tanto, en las tardes melancólicas de llovizna otoñal, sentada en el rincón cálido de su hogar, aguja de crochet en mano, se acuerda de aquel carruaje naranja.
Quiso el destino que un día, regresando de un fascinante viaje por el interior de las pampas, apareciera en el camino el pueblito serrano tan caro a los sentimientos de Marietta. Al ver el cartelito con el nombre del paraje, sintió como una voz que le decía: Eeela Eeeela y Ela buscó la sombra de un paraíso estacionó el coche y se largó a caminar, por esas calles pavimentadas que ayer eran senderos de piedra y hoy hasta semáforos tienen; ya no sentía el aroma de lavandas ni hierbas aromáticas, ahora el aire estaba inundado de olor a hamburguesas de los fast food de la avenida, tampoco pudo ver los hippies artesanos, hoy son locales que muestran productos chinos y vendedores ambulantes senegaleses ofertando relojes de marcas dudosas. Siguió caminando con el paso firme buscando con la vista inquieta la casita de sus recuerdos infantiles.
Al final de la calle principal, apareció la ansiada morada, hoy convertida en un lujoso hotel de media estrella pero conservando mucho de ese lugar que la cobijara en sus años primeros. El corazón comenzó a latirle mas fuerte y el pecho se apretujaba debajo de la escotada remera color coral. Abrió grande los ojos como para poder mirar todo a su alrededor y comenzó a revivir andanzas de otrora.
Juntó coraje y llamó a la puerta, se presentó ante un señor corpulento y amable; cuando le dijo su nombre y quien era, el señor actual dueño del lugar, se sorprendió al escuchar el ilustre apellido y no hacia otra cosa que saltar y danzar llamando a su mujer y demás familiares que poblaban la casa, diciéndoles en voz alta: pero miren a quien tenemos aquí!!! la hija de tal, la nieta de tal....
Una vez tranquilizado, el fornido señor invitó a Ela a recorrer la casa, trayecto que era amenizado por paradas en las cuales la visitante, gimoteaba, lagrimeaba y soltaba expresiones de asombro. El dueño de casa como disfrutando de la conmoción de Ela no hacia mas que mostrarle elementos antiguos; este es el sillón donde se sentaba su abuelo, aquí esta la hamaca, recuerda este atril donde pintaba su abuela?, y así con el columpio, el perchero, el sube y baja y algunas cosas que la forastera ni se acordaba pero decía que si para no desilusionar al anfitrión. Siguieron recorriendo la estancia el aire llenándose de recuerdos, de los olores y de murmullos de conversaciones que alguna vez oyeron esos añosos árboles.
Hasta que en un momento, la huésped, con una mirada tan tierna que ablandaría al mas duro, espetó: lo único que me faltaría ahora, sería encontrar un carrito con el que jugaba en las tardes de estío. Al escuchar ese casi ruego, al hotelero se le amplió la sonrisa y tal vez pensando algo así como: esta no te la esperas! llamó a su obediente hijo ordenándole levantar unos maderos, chapas y otras cosas inservibles ... Ahora la gran sorpresa, que había debajo de los bártulos levantados? Siiiiiiiiiiiiii! El famoso carrito naranja!!!
Si hacia falta algo para que Ela se derramara en agradecimiento, en sollozos contenidos, en alabanzas al señor de los cielos y al señor que no hacia mas que desempolvar recuerdos, era tener frente a ella al carrito.
Que momento !!! Pura emoción.

Después de serenarse y como todo no podía ser perfecto, Marietta tuvo la brillante idea de intentar subirse al carrito. Todos los que la rodeaban en ese momento tuvieron una expresión como de: señora! esta usted grande para eso, no sea chiquilina!
A partir de ese momento, Marietta visita semanalmente al sicólogo a fin de que le ayude a aceptar eso de cumplir años. Todo culpa del carrito naranja.

viernes, 21 de enero de 2011

Vecinita

Sigo guardando el recuerdo de tus dientes paleta
Tu pelo largo castaño
Tus ojos inmensos oscuros y brillantes
Llegaste a mirarme esa tarde
Hablamos cortito
Y te soñe esa noche.
Y te soñe otras noches.
Y serías mi novia un día.
Y me darías un beso.
Y caminariamos de la mano.
Y yo sería doctor.
Y tendría un auto grande
y una casa bonita.
Pasó mucho tiempo
Y no fuiste mi novia
Y no fui doctor.
Y dejé de soñarte.

miércoles, 19 de enero de 2011

Paisajes




"Paisaje de Catamarca
con mil distintos tonos de verde:
un pueblito aquí, otro mas allá
y un camino largo que baja y se pierde".

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cantame una canción



Morena de soles
ojos de almendra

altiva seductora desafiante
sensual romántica real segura
sabes a oliva y albahaca
cántame mujer
has que sueñe despierto
mírame mujer
has que vuelva a enamorarme
sonríeme mujer
has que me sienta niño otra vez
abrázame mujer

has que me sienta hombre

ámame mujer
has que mi corazón se desboque.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Hoy Serrat Hoy


Se apagaron las luces de la sala. Silencioso murmullo, tosesitas a modo de preludio. El escenario se ilumina. Un par de miles de personas atentas.
Hacen su entrada los músicos, uno, dos, tres, ... seis. Aplausos discretos y casi obligados. Uno a uno comienzan a sonar los instrumentos. Ya la orquesta a pleno. El público a tope.
Desde el fondo del escenario, hacia la derecha, aparece él, natural del barrio Poble Sec. Brota el delirio, aplausos, gritos, ternuras y obscenidades.
El reflector ilumina a ese tipo flaco, de huesos largos, de cabeza con coronita calva, saco oscuro, camisa al tono y jeans gastados, pero muy gastados.
Reverencia habitual, sonrisa dulce, mirada seductora, mohín humilde, todo él avanzando hacia el filo del escenario. Aplausos enfervorizados, gritos, auditorio emocionado. Corazones femeninos galopantes de señoras que fueron niñas ayer. Señores espectadores algo envidiosos, que parafraseando a Joaquín, se les ocurre eso de: "yo de grande quisiera ser como él".
Clima intimista y sin estridencias. Comunión entre público y artista.
Poco de nuevo. Los chistes de siempre. Los gestos de siempre. Novedades conocidas. Sorpresas repetidas. Pero bueno, "el nano" es eso, un vino añejo, un clásico ya, cantando, hablando, moviéndose en el escenario y fuera de el, siempre será digno de atención.
Ya la historia se derrama en la canción. Los corazones palpitan con la primer estrofa.
Esta gente sentada en las butacas son los viejos conocidos de Joan Manuel, algunos crecieron, maduraron y envejecieron escuchando sus canciones y decires. Cuantos amores y desamores en estos cuarenta años transcurridos! Muchos soñaron alguna vez con tenerlo de vecino, de compañero de viaje o quizás poder compartir vino o café con ese tío. Joder! Sería fantástico.
Es que gracias al nano no son pocos los que descubrieron a otros señores que emocionan, como el tal Machado, el mal tratado Hernández, o a don Mario, el uruguayo y también a don Felipe y su quijote de amargura.
Y Tal vez en alguna tarde lluviosa sintieron que el otoño sonaba a balada.
O apreciar una mujer en lo oscuro, o que el Mediterráneo es azul y tiene el alma profunda y oscura. O que hay un lugar en el mundo que es bonito y se llama Badalona y que alguna vez unos
ojos se humedecieron escuchando la tieta. Y que no estamos solos en eso de las utopías. Y hablando de amigos, que bueno lo de: lo tuyo nuestro y lo mío de los dos. También nos recordó que tuvimos una vecina de piel de manzana. Y que Benito es un croto simpático. Y que pena nos dio escuchando Penélope, la de los zapatitos de tacón. Y que tarareamos De parto, pintando una cuna esperadora de bebe. Que nos dio por ingresar a Green Peace escuchando Pare. Que quisieramos ser tío Alberto cuando nos llegue la vejez. Hasta nos cae bien la cornudez escuchando Por Dignidad. Alguna vez corrimos peligro de dormir en un calabozo al tener intenciones de hacer añicos un escaparate de Falabella culpa de Cartón Piedra. Que nos sorprendimos hablando con nuestro otro yo después de escuchar al tal Tarrés.
Que fuimos en amores los debutantes. Que quisieramos saber quien se acostará en la cama y mantendra a mi mujer cuando toque partir con boleto de ida solamente. Que aprendimos a valorar las pequeñas cosas. Que seguimos buscando en la cocina con olor a tomillo a quien ya no está, como en Soneto a mamá. Que odiamos a los curapupas en solidaridad con curro el palmo. Que al levantarnos una mañana de sol nos hizo pensar que hoy puede ser un gran día. Que caminando por el parque y luego sentados en el borde del estanque, imaginamos que navegaba un barquito de papel. Que un día nos cansamos de preguntarnos los porqués y nos dio por caminar y caminar recordando eso de que es muy largo el camino para mira atrás. Que fuimos bonitos y buenos entre las tetas de Lucia. Que al mirar un balcón con ropa colgada se nos ocurre lo de las bragas comprometedoras y sábanas alcahuetas de Irene. Nos sentimos mas tolerantes por eso de cada loco con su tema. Y que es cierto eso de: uno solo es lo que es y anda siempre con lo puesto. Y que gracias a la vida por gastarnos bromas y cada tanto invitarnos café. Que alguna vez nos detuvimos en la puerta de un jardín de infantes para mirar a unos locos bajitos y que alguien del barrio nos contó que tiene un amigo que dice que conoce a un tipo que un día fue feliz. Que poniéndonos románticos en una tarde lánguida nos dimos cuenta que no hacemos otra cosa que pensar en ella y que el aroma de tomillo, laurel y romero nos recuerdan su nombre. Y que nos enamoramos gracias a esas paraules d'amor. Y de no querer ser de la realeza por eso del príncipe convertido en rana. Y que bueno sería llegar a viejo, que todo esté pagado y el carné de jubilado abra todas las puertas y entendiésemos ahora que todos llevamos un viejo encima. Y que no nos interesa vivir en suntuosos palacios, por temor a las turbas de Disculpe el señor. Que meditamos un rato después de escuchar sobre la ilusión de esa madre fregona y fatigada dando todo por su princesa. Que gozamos al descubrir el violín de esa bendita música. Y que bien nos pintó el desamor en una mesa de bar.
Y allí estábamos... , llenando el amplio teatro; los que ayer fuimos flacos, pelilargos, desalineados, vírgenes, esperanzados, soñadores, idealistas y enamorados.
Hoy, la misma gente pero distintos, algunos gorditos, pelados, desesperanzados, burgueses resignados, otros miopes o con presbicia, de pelos teñidos, profesionales de algo, perfumados, de tomar pastillas para poder dormir y también algunos cuyas historias darían argumento a la canción "algo personal".
Otros que en esta noche sienten el mismo candor que otrora, seducidos por la magia de siempre. Que por un rato se sintieron los mismos adolescentes de hace cuatro décadas, llenos de proyectos, de horizontes amplios y lejanos y ... hasta un poquito enamorados.
Y como ayer...hoy con la voz no tan fresca, después de varios bises se despidió de la fiesta en que por una noche nos hizo olvidar que cada uno es cada cual.