martes, 26 de abril de 2011

Las abarcas desiertas (Hernandez)

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero
para el seis, yo queriá
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Mi niña Lola (autor?)

dime porque tienes carita de pena
que tiene mi niña siendo santa y buena
cuéntale a tu padre lo que a ti te pasa
dime lo que tienes, reina de mi casa
tu madre, la pobre, no se donde está
dime lo que tienes
dime lo que tienes
dime lo que tienes
dime la verdad
mi niña Lola
mi niña Lola
se le ha puesto la carita del color de la amapola
mi niña Lola
mi niña Lola
se le ha puesto la carita el color de la amapola
tu no me ocultes tu pena
pena de tu corazón
cuéntame tus amarguras
para consolártelas yo
mi niña Lola
mi niña Lola
ya no tiene la carita del color de la amapola
mi niña Lola
mi niña Lola
ya no tiene la carita del color de la amapola
siempre que te miro mi niña bonita
le rezo a la virgen que está en la ermita
cuéntale a tu padre lo que te ha pasado
dime si algún hombre a ti te ha engañado
hija de mi alma
no me llores mas
dime lo que tienes
dime lo que tienes
dime lo que tienes
dime la verdad
mi niña Lola
mi niña Lola
Mientras que viva tu padre no estarás en el mundo sola





























jueves, 21 de abril de 2011

Sindicalismo en Tilinguilandia




Tiempos á, cuando aún no se tenía certeza de la redondez de la tierra, ocupaban parte de la misma los esclavos, que eran unos tipos generalmente negros y de buena contextura física.


Unos señores, con el poder que les daba el dinero, concurrían a lugares donde se encontraban a la venta y canje (un car-one antiguo pero de esclavos en lugar de coches) donde realizaban las operaciones y negociaban los precios. La mercadería era obtenida mediante viajes que realizaban los traficantes, generalmente a territorio africano, donde es sabido abundaban los negritos que eran cazados cual animales salvajes y embarcados en galeones u otro tipo de embarcación para engrosar los stocks en las ferias de esclavos.
La negociación de la compra-venta incluía la revisación del bien: dientes, pies , manos y una vez facturado y escriturado el bien, el nuevo propietario lo llevaba a su casa para destinarlo a las tareas para las cuales fue adquirido, a saber, trabajo en minas, en campos o haciendas, fábricas, también para cortar el pasto, cocinar, limpiar, lavar, planchar. Hubo casos en que el fornido esclavo se ocupaba a escondidas de satisfacer a la insatisfecha señora del patrón.
Eran tiempos de los barbáros quienes se subían a los arbóles para bajar a los pajáros pero a poco la cosa fue cambiando. Los negritos se volvieron menos obedientes y los patrones, que giles no eran, entendieron que había que aflojar las tensiones. En un país norteño apareció un tipo de barba -dicen que fabricaba galletitas dulces- de nombre Abraham quien andaba en busca de fama y tras reuniones y conciliábulos consiguió mediante un DNU -léase decreto de necesidad y urgencia- la abolición de la esclavitud. Hecho que motivó la alegría de los ex esclavos y sus familias numerosas expresándose mediante fiestas y borracheras, bah... cosas de negros. Mientras se realizaban las fiestas, los ex amos miraban los festejos por la tele y sonreían con sorna e ironía. Pasa que antes de don Lincoln, los patrones tenían que invertir dineros en la compra, darles de comer, lugar donde dormir, vestirlos y algún que otro gasto que ocasionaban los esclavos, bien semoviente, que después de pasado un tiempo se devaluaba perdiendo el valor de reventa.
Comienza otra era. Como dice la canción: "cambia todo cambia...."
Los esclavos se convirtieron en trabajadores, ya no hacía falta comprarlos; ahora solamente bastaba con publicar un aviso en el periódico de la zona-Clarín no porque es malo!!!- y de inmediato se presentaban varios entre los cuales el conchabador podía elegir a su antojo. El modelo del aviso era generalmente así:" Se necesita peón de patio, albañil, administrativo, ingeniero en sistemas, o la profesión que se les ocurra". Con el agregado "inútil presentarse sin referencias".
La contratación era sencilla, se establecía el horario de trabajo y a cambio se le abonaba al trabajador un salario, que era un dinerillo que le alcanzaba para subsistir casi todo el mes.
Nada de alimentarlos, ni arroparlos, ni darles vivienda, ellos solitos ahora podián mantenerse.
El festejo le toca ahora a los patrones, el de las galletitas buen favor les hizo.
Pasadas algunas décadas, los antes esclavizados, siempre descontentos e insatisfechos como la famosa gata, comenzaron a pedir y pedir, ..que menos horas de trabajo, que los domingos con la familia, que la navidad, que el día de la madre, hasta tuvieron el tupe de pedir "el día del trabajador". Habrase visto!!!
Pero todo no queda aquí, iban por mas. Despacio y en silencio, al principio, los trabajadores, bajo una piel de cordero , comenzaron a exigir logrando varios de los puntos solicitados, además consiguieron dejar de trabajar antes de morirse (jubilación) y el colmo!!: vacacionar como lo hacían los dadores de trabajo y paga.
Y se agrandaron... ya no iba cada trabajador a discutir con el patrón las condiciones, ahora se reunían y elegían un representante, llamado delegado quien sería el encargado de discutir con la patronal. Nace aquí el llamado SINDICALISMO.
Y para que haya sindicalismo tienen que formarse los sindicatos, a tal fin se empiezan a organizar por actividades, a saber: Sindicato de Aguas Gaseosas, de Ferroviarios, de Camioneros, de Empleados de Comercio, etc. etc. Los delegados que ocupaban puestos en los sindicatos era elegidos por sus compañeros, entre lo mejor del barrio, personal con ciertos ideales y de una moralidad casi impecable. Las reuniones se hacían en alguna casa o esquina donde se elaboraban los puntos que se discutirían con los patrones el día siguiente, volviendo siempre a su puesto de trabajo y al contacto con sus compañeros.
Y siguen pasando los años y ya no son los trabajadores insatisfechos, ahora son sus representantes que van por más. Ya no les interesaba volver al trabajo una vez elegidos como delegados, ya no conducían camiones, ni despachaban detrás de un mostrador, ni reparaban vagones ferroviarios. Los cargos sindicales ya eran deseados por muchos, por lo tanto las elecciones eran mas peleadas y con muchos candidatos. Comenzaron a perpetuarse en el poder, claro que esto tiene su explicación, era tanta la vocación por defender los derechos de sus compañeros que no estaría bien dejar que otros se ocupen quien sabe con que intenciones. Se promocionaban con gran despliegue de publicidad las bandas integradas por los candidatos (léase" listas de candidatos"). Aparecen los custodios, los autos blindados, los procedimientos mafiosos. Esos defensores de trabajadores, con el fin de aumentar en algo su salario, se convierten en prósperos empresarios, pasando de empleados a empleadores. Todo sea por sus
compañeros trabajadores.
Debido a sus actividades sindicales, sin horarios y trabajando a destajo, no siempre pueden volver a su casa a comer ni a dormir con su familia. Tienen que recalar en restaurantes y hoteles, que solo por casualidad son vecinos de otros comensales y huéspedes que resultan ser los patrones contra los cuales ellos otrora discutían.
No estaba bien que culpa de su entrega en la defensa de sus afiliados, tuvieran que vivir en los andurriales, pasando en poco tiempo a comprarse un departamentito de cuatro dormitorios en algún barrio mas agradable, preferentemente country que también por casualidad vienen a ser vecinos de empresarios importantes y poderosos. Acaso no tiene derecho un trabajador a vivir dignamente?

Como las reuniones de trabajo eran muchas y ocupaban casi todo el tiempo del delegado, es sabido que una persona no puede con todo. Llegó el momento de buscar alguien que atienda el teléfono, sirva un cafecito en los días de invierno y mienta por él diciendo: " El secretario general no puede atenderlo porque está en una reunión". Para esos menesteres que mejor que una niña de buena presencia al gusto del sindicalista; señorita o señora que de tanto compartir tiempos con el señor secretario general, horas de interesantes tertulias y alguno que otro periplo al interior del país o en algunas pocas ocasiones un viaje con destino a una isla del caribe motivado por un congreso de sindicatos de la región, tal damita se convierte a la postre en amante del destacado e impresentable defensor de los derechos de los trabajadores de su gremio.

Siempre con el rumbo puesto en conducir pensando en el bienestar de sus afiliados y en resguardo de conquistas obtenidas, pensando siempre en que cualquiera no puede sucederlos en su cargo en caso de muerte- conviene aclarar que la muerte es la única alternativa para que deje el cargo obtenido en elecciones dudosamente limpias, muerte que a veces es provocada por otro muchacho interesado en los privilegios que tiene el secretario general de la CGTT- toma sus recaudos nombrando sucesores a hijos propios o de sus mujeres. Convirtiendo al sindicalismo en un régimen monárquico o algo parecido.

Que mejor amparo de un trabajador que su defensor incursione en política para poder cambiar desde adentro y conseguir las mejoras que sus agremiados merecen. Así comienzan a escalar dentro del sistema de partidos políticos ocupando cargos de concejales, diputados, senadores, gobernadores. Y no crea el vulgo que esos títulos conformaran a los ilustres y abnegados sindicalistas, si Tilinguilandia sigue en pie a pesar de todo, tendrán sus habitantes la posibilidad de entronar en el sillón de la casa de gobierno a uno de esos sacrificados paladines.












miércoles, 20 de abril de 2011

Tiempo de elecciones en Tilinguilandia



Año de elecciones. Los mandamás de este bendito país nos invitan a participar de algo así como un banquete que ellos disfrutarán y nosotros, sin probar bocado, pagaremos y miraremos por tele.


Las ciudades y pueblos están decoradas con grandes afiches que contienen fotos de tipos sonrientes y simpáticos. Son la mayoría viejos conocidos. También nos rezan sus invitaciones a sufragar por ellos ensuciando paredes y cualquier espacio donde sea posible estampar su "Vote a Mengano". Enchastres que deberemos remediar los silenciosos votantes luego de pasado el fervor electoralista.

Y no haga caso a su memoria si pasa por su mente que ese político que en elecciones anteriores era candidato del partido que hoy denosta, le ofrece la panacea si vota al partido que ayer criticaba. No olvidar que la política es el arte de lo "imposible".


Comentaristas políticos inundan las radios y aparecen en todos los canales los candidatos informándonos del diagnóstico y de las posibilidades, de votar a ellos, de cómo mejorarán las cosas.


Se abren locales partidarios por doquier que cerrarán el mismo día de las elecciones los perdedores, y apenas un par de dìas despues, los ganadores.

Los discursos de los que están en el poder tienen algo de surrealismo, no parece que se hayan enterado de que están en la conducción y que insisten con ser reelegidos sin haber cumplido lo que prometieron para subir en la anterior elección. Quizás piensen que los habitantes de Tilinguilandia sufren de Alzheimer o algo parecido.

Un señor, mientras esperaba la llegada del colectivo que lo llevaría de regreso a su hogar después de una agotadora jornada de labor, observando el cartel pegado insolentemente sobre las paredes del refugio -cartel que tenía impresa la cara de un ignoto político- pensaba en los parlamentos escuchados durante estos días protagonizados por conocidos y desconocidos políticos. Todos o la mayoría, prometían lo mismo: más escuelas, más seguridad, más salud, más trabajo, mejores jubilaciones, viviendas para todos,...., etc. Y como el cole demoraba, recordaba el buen señor que desde que era un chiquilín, la muletilla de "los más y los mejores" era la misma.


Las gentes se devanan los sesos en eso de elegir a quién, porque desechar a alguno sería como un sacrilegio porque ellos, según nos cuentan, están munidos de las mejores intenciones para con nosotros y pecaríamos de desagradecidos descartando a alguno.


Los vemos en caravanas y caminando por algunos lugares, siempre escoltados por cámaras de televisión como para que nadie se pierda el espectáculo. Siempre con sonrisa plena, besando mujeres, hombres y cada tanto acariciando el cachete de un bebe o niño poco crecido que algún alcahuete levanta a la altura del personaje.


"Promesas vanas de un amor que se escaparon con el viento", según dice el tango son las que pregonan los abnegados postulantes.


Tienen solución para todo. Como el alóe, o los pastores de la iglesia "pare de sufrir".


Salvando el acuse de discriminador, mirando los afiches, me imagino que hay gentes algo así como impresentables y con prontuarios nada publicables. ¿Puede un tipo de esos hacer algo por alguien que no sea él mismo, su familia y algunos amigos?


Con la democracia se come, se educa, se cura ....decía un prócer fallecido. Claro que faltaría aclarar quién come, quién se educa y quién se cura con esa democracia.


Y no es que las tiranías o las monarquías sean mejores, casi que son todas hechas con los mismos ingredientes. Además debe ser muy interesante esto de la política y sus beneficios puesto que hasta funcionarios de gobiernos golpistas se han convertido en fanáticos demócratas.

Siempre las mismas premisas: unos mandan los otros obedecen. Unos trabajan otros disfrutan de esos que trabajan. Unos cumplen las leyes que les dictan los mismos a los que ni se les ocurre cumplir.


Seguramente lo que ocurre en Tilinguilandia no es exclusivo de ese país. El analista político don Juan Domingo Alfonchner escribía en su columna dominical: "... tal vez los políticos y sus allegados piensen que los pueblos sufragantes padecen de serios problemas psíquicos, intelectuales y emocionales teniendo en cuenta que es difícil explicar cómo una persona en su cabales puede elegir a otra persona que se postula para hacerle la vida un poco más difícil, que tiene interés en quedarse con sus ahorros de toda la vida, que intente vivir como un holgazán mientras él trabaja duro, que le ordene lo que debe hacer mientras él no hace nada de lo que debería hacer".

Felizmente se acabaron los tiempos en que los esbirros de los señores feudales irrumpían salvajemente en las moradas de los plebeyos exigiendo el pago de tributos. Hoy existe el correo y las cartas documentos intimatorias.

Unos acusan a otros candidatos de querer perpetuarse en el poder. Si ellos mismos acceden al poder serán los primeros en querer perpetuarse.

Ellos serán los que elegirán los jueces que los absolverán y condenaran a los no simpatizantes.

Ellos dictaran las normas que no cumplirán.

Ellos administraran nuestros dineros en beneficio propio y de sus secuaces.

Abnegados políticos que no reparan en gastos (cartelería, espacios radiales y televisivos, publicidades encubiertas llamadas "institucionales"), que difícilmente abonarán de sus bolsillos.

Cuentan las malas lenguas que algunos candidatos de la antiguedad reciente aún son requeridos por gente que reclama el pago de publicidades de campañas anteriores. Chusmerío que nada científico lo avala. Porque conviene aclarar: hay malintencionados, que detestan a la democracia y a los ilustres demócratas.

Ciudadano!!! VOTE VOTE VOTE que votar es su derecho (obligatorio). Vote a su político favorito y no confunda la palabra VOTE con BOTE.

miércoles, 23 de marzo de 2011

primavera

estación bonita de floreceres


de colores


de aromas


de luces y soles


de pariciones


de hormonas a tope


de enamorados


estación con nombre de mujer.

viernes, 25 de febrero de 2011

con g, k, j ó ?????

Quiso tratar de aclarar pero fue en vano, mas buscó mas confundido quedó.
Y eso que no se conformó con los titulares de los periódicos nacionales, buscó entre españoles, uruguayos, australianos, italianos, estadounidenses, chilenos y se cansó de buscar.
Y al final no sabe si es:
* Gadafi
* Khadafy
* Kadafi
* Jaddafi
* Gadhafi
*Kaddafi
* Gheddafi
* Khadafi
* Gaddafi
...............................

martes, 15 de febrero de 2011

el carrito naranja

Marietta, hoy toda una mujer, alguna vez fue una niña inquieta, rebelde, reticente a dormir siestas, poco simpatizante a sopas de cabello de angel, algo desobediente, exploradora de jardines conservados por competentes jardineros, devoradora de tierra tanto como de higos caídos.
Esa niña solía vacacionar en un poblado enclavado en las sierras, en una residencia confortable y acogedora, con piscina, juegos infantiles, árboles frutales y de los otros, mucho verde y muchas flores.
Marietta, disfrutaba cada verano en ese lugar junto a su hermanito, amiguitos, amiguitas, primitos y primitas, siempre bajo la mirada atenta de su mamá, quien pasaba las tardes sentada en el amplio parque tomando mates endulzados con caña Legui junto a sus amigas del villorio. Era su deleite saborear los ricos asados que en el colosal parrillero hacía su papá, quien mientras daba vueltas en la parrilla, chorizos, morcillas, vacíos y costillas, degustaba de tintos ricos y caros.
Le apasionaba a la hija de ese experto asador, corretear por los cerros cercanos, tocar timbre en las casas vecinas y salir corriendo, sentarse en la vereda para observar los caminitos que hacían las hormigas, acariciar perritos vagabundos y gatos con atributos intactos pues eran tiempos de veterinarios sin tijeras castra doras. También jugaba en el extenso jardin debajo de los nogales y castaños con las hamacas, el sube y baja y como no sufría de vértigo cada tanto se tiraba del tobogan. Aunque uno de los juegos que mas le gustaba era cuando sus compañeritos de travesuras la arrastraban tirando del "carrito naranja". Vale aclarar que ese carrito naranja no era mas que eso: un simple carricoche metálico color naranja de tal tamaño que apenas contenía la pequeña humanidad de Marietta.
Así transcurrían los veraneos e invierneos de infancia y pre adolescencia de nuestra Marietta, llamada Ela por los familiares y amigos cercanos.
Y Ela creció - en experiencia porque de estatura poco- fue a la escuela, dejó de comer tierra, consiguió trabajo digno, tuvo novio (novios), se casó, dio a luz una bella y peluda criatura, dejó de ser rebelde, se hizo mas responsable, vivió alegrías y sinsabores y dejó de ir a pasar temporadas en la casita de las sierras. Aunque cada tanto, en las tardes melancólicas de llovizna otoñal, sentada en el rincón cálido de su hogar, aguja de crochet en mano, se acuerda de aquel carruaje naranja.
Quiso el destino que un día, regresando de un fascinante viaje por el interior de las pampas, apareciera en el camino el pueblito serrano tan caro a los sentimientos de Marietta. Al ver el cartelito con el nombre del paraje, sintió como una voz que le decía: Eeela Eeeela y Ela buscó la sombra de un paraíso estacionó el coche y se largó a caminar, por esas calles pavimentadas que ayer eran senderos de piedra y hoy hasta semáforos tienen; ya no sentía el aroma de lavandas ni hierbas aromáticas, ahora el aire estaba inundado de olor a hamburguesas de los fast food de la avenida, tampoco pudo ver los hippies artesanos, hoy son locales que muestran productos chinos y vendedores ambulantes senegaleses ofertando relojes de marcas dudosas. Siguió caminando con el paso firme buscando con la vista inquieta la casita de sus recuerdos infantiles.
Al final de la calle principal, apareció la ansiada morada, hoy convertida en un lujoso hotel de media estrella pero conservando mucho de ese lugar que la cobijara en sus años primeros. El corazón comenzó a latirle mas fuerte y el pecho se apretujaba debajo de la escotada remera color coral. Abrió grande los ojos como para poder mirar todo a su alrededor y comenzó a revivir andanzas de otrora.
Juntó coraje y llamó a la puerta, se presentó ante un señor corpulento y amable; cuando le dijo su nombre y quien era, el señor actual dueño del lugar, se sorprendió al escuchar el ilustre apellido y no hacia otra cosa que saltar y danzar llamando a su mujer y demás familiares que poblaban la casa, diciéndoles en voz alta: pero miren a quien tenemos aquí!!! la hija de tal, la nieta de tal....
Una vez tranquilizado, el fornido señor invitó a Ela a recorrer la casa, trayecto que era amenizado por paradas en las cuales la visitante, gimoteaba, lagrimeaba y soltaba expresiones de asombro. El dueño de casa como disfrutando de la conmoción de Ela no hacia mas que mostrarle elementos antiguos; este es el sillón donde se sentaba su abuelo, aquí esta la hamaca, recuerda este atril donde pintaba su abuela?, y así con el columpio, el perchero, el sube y baja y algunas cosas que la forastera ni se acordaba pero decía que si para no desilusionar al anfitrión. Siguieron recorriendo la estancia el aire llenándose de recuerdos, de los olores y de murmullos de conversaciones que alguna vez oyeron esos añosos árboles.
Hasta que en un momento, la huésped, con una mirada tan tierna que ablandaría al mas duro, espetó: lo único que me faltaría ahora, sería encontrar un carrito con el que jugaba en las tardes de estío. Al escuchar ese casi ruego, al hotelero se le amplió la sonrisa y tal vez pensando algo así como: esta no te la esperas! llamó a su obediente hijo ordenándole levantar unos maderos, chapas y otras cosas inservibles ... Ahora la gran sorpresa, que había debajo de los bártulos levantados? Siiiiiiiiiiiiii! El famoso carrito naranja!!!
Si hacia falta algo para que Ela se derramara en agradecimiento, en sollozos contenidos, en alabanzas al señor de los cielos y al señor que no hacia mas que desempolvar recuerdos, era tener frente a ella al carrito.
Que momento !!! Pura emoción.

Después de serenarse y como todo no podía ser perfecto, Marietta tuvo la brillante idea de intentar subirse al carrito. Todos los que la rodeaban en ese momento tuvieron una expresión como de: señora! esta usted grande para eso, no sea chiquilina!
A partir de ese momento, Marietta visita semanalmente al sicólogo a fin de que le ayude a aceptar eso de cumplir años. Todo culpa del carrito naranja.